Identificando a Los Verdaderos Profetas
Lee 1 Reyes 22:1-14. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo actúan los profetas fieles?
Hubo falsos profetas en la etapa temprana de la historia de Israel (Deut. 18:20), pero Dios no dejó a su pueblo sin orientación acerca de quiénes eran sus verdaderos profetas que transmitían fiel, precisa y honestamente los mensajes divinos, aunque a veces eso los hiciera impopulares entre los poderosos. Es normal que esto pase porque muchos poderosos se han entregado a los placeres y la búsqueda de las riquezas y siempre han demostrado cobardía frente a la verdad. Le tienen miedo porque saben que un poder mayor los juzgará por lo que han hecho en el cuerpo, mientras viven. Por esa razón Satanás quiere enriquecer y fomentar los placeres para que los hombres que podrían ser los más poderosos sean cobardes como él lo fue en el cielo para cumplir y hacer cumplir lo recto.
Si los hombres se unieran a Dios, derrotarían a este archienemigo y obtendrían miles de veces más bendiciones de parte de Dios. Pero Satanás los vuelve cobardes para no enfrentar la vida confrontando al mal y destrozándolo. A Jesús quiso dominarlo igual, le dijo que no necesitaba ir a la cruz, que, si postrado le adoraba, él le entregaría los poderes del mundo sin tener que hacer tanto sacrificio. Pero Jesús no era cobrade y lo enfrentó diciendo. “vete Satanás al Señor tu Dios adorarás y al Él solo servirás” (Mt 4:8,9). Los mensajeros no buscan que los adulen son valientes. Ganarán los corazones de la humanidad por la valentía y la confrontación con el demonio, sacándolo del gobierno del mundo y libertando a la humanidad de los inventos cobardes del maligno. Por eso no deben, temer los mensajeros de Dios al anunciar la verdad creyendo que, porque estos poderosos no reciben en su mayoría el mensaje, no este siendo prospera la verdad. Estos no son la medida de la verdad, no hay que apenarse cuando ellos la rehúsan. El evangelio debe ir al mundo entero y el mensaje será recibido por los que no teman a la vergüenza, ni el insulto, ni el aislamiento. El texto es claro: Los cobardes no entraran en el reino de los cielos. (Ap 21:7,8)
Que un rey diga de un profeta: «Lo aborrezco, porque nunca me profetiza el bien sino solo el mal» (1 Rey. 22:8) dice mucho de ese monarca, pero más aún del profeta, quien obviamente no temía decir la verdad, ni siquiera al propio rey, lo cual no era la mejor manera de obtener el favor real. Micaías se enfrentó solo a cuatrocientos falsos profetas enfrentándose al rey Acab sin dejar de decir exactamente lo que Dios le mandó.
Lee 1 Samuel 9:3-14. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cómo veían los demás a los profetas fieles de Dios?
De samuel se declaró que era un “hombre insigne” cuando Saul iba a buscar sus asnos, lo que deja en claro cómo se tenía respeto por los profetas de Dios debido a que sus mensajes se cumplían porque eran palabra de Dios. Al mismo tiempo, el hecho de que algunos de los «hombres de Dios» fueran profetas no los convertía en seres humanos perfectos o infalibles. El mensaje era el infalible no ellos. Lo que importaba es que traían la pablara de Dios y debían ser obedecidos.
Pablo mismo siendo un hombre de Dios, jamás buscó ser tomado como infalible “No que yo ya sea perfecto” dijo (Fil 3:12) “Ni que ya lo haya alcanzado” Pero sus mensajes eran la palabra de Dios y debían ser recibidos como tal. El buscaba en lo personal hacer la voluntad de Dios siempre, pero era un ser humano imperfecto como cualquiera y dejaba en claro que el era imitador de Cristo y debían imitarlo a él, pero en lo que el imitaba a Cristo. (1 Co 11:1) Es decir, en lo que el hacia de acuerdo con la pablara de Dios. No olvidemos que las imperfecciones son cubiertas con la palabra de Dios que ofrece el perdón, pero también la santificación. (Hch 26:18) esto se dice para que nadie endiose al profeta o mensajero. Endiosarlo no significa creer en él, sino hacerlo el guía, aun sin la pablara de Dios. Los lideres por su cargo corren el peligro del endiosamiento. Ya que por su poder y cargo hacen pensar que tienen autoridad y el pueblo los mira como sus guías ciegamente. Pero al que predica la palabra y por eso mismo se le sigue no es endiosarlo, sino más bien, reconocer la sabiduría y querer seguirla.