Expulsados Del Jardín
Una de las consecuencias más devastadoras del pecado de Adán y de Eva fue la separación de Dios. «Las iniquidades de ustedes los separaron de su Dios, y sus pecados han hecho que su rostro se oculte de ustedes para no escuchar» (Isa. 59:2).
En realidad, Adán y Eva continuaban siendo hijos de Dios. Dios les había enseñado el arrepentimiento y ellos entendieron la necesidad del sacrificio por sus pecados con el sustituto del corderito y el ser de nuevo revestidos del carácter de Cristo con las pieles de cordero. Aunque no fueron vestidos con la luz que tenían, si lo fueron con las pieles del Cordero símbolo de Jesús (Jn 1:36) “A los que creen en su Nombre (Evangelio) les dio “la potestad de ser hechos hijos de Dios” Juan 1:12 Sin embargo, el resultado del pecado era inevitable y tuvieron que abandonar el Edén. Nada volvería a ser igual después de su desobediencia.
El pecado cambió por completo la vida humana de maneras que no podemos imaginar, ya que ahora solo conocemos este mundo de pecado en el que vivimos. Debido al pecado, la tierra fue «maldita» y produciría «espinos y cardos». Los seres humanos ahora experimentarían dolor y tendrían que «sudar» para conseguir su alimento, solo para finalmente morir y volver a la tierra. Tan pronto como surgió el pecado, surgió la promesa de un Salvador. Estas promesas de restauración llegan hoya hasta nosotros por medio de la palabra de Dios enviada por medio de los profetas y apóstoles que son anunciadas por el Evangelio. “para que por medio de ellas tengamos esperanza” (Rom 15:4)