Elena De White
Elena de White y su hermana gemela, Elizabeth, nacieron el 26 de noviembre de 1827 Mientras estaba en un parque cerca de su casa, una compañera de clase enfadada le lanzó una piedra que la hirió en el rostro, dejando a Elena en un estado semiconsciente durante varias semanas. Las lesiones faciales también hicieron que Elena se sintiera acomplejada por su apariencia, lo que limitó su interacción social.
Elena y su manera de pensar de Dios Padre
Entre los metodistas donde asistía ella dice: “Nuestro Padre celestial me era presentado como un tirano que se deleitaba en las agonías de los condenados; y no como el tierno y piadoso Amigo de los pecadores, que amaba a sus criaturas con un amor que sobrepujaba todo entendimiento, y deseaba salvarlos en su reino.
Se me había enseñado a creer en un infierno que ardía por la eternidad; y al pensar en el estado miserable del pecador sin Dios, sin esperanza, era presa de profunda desesperación. Temía perderme y tener que vivir por toda la eternidad sufriendo una muerte en vida.”
Confundiendo sentimientos
Esos sentimientos se intensificaron cuando la familia Harmon aceptó la doctrina millerita del pronto regreso de Jesús. Incluso después de su bautismo por inmersión en la Iglesia Metodista en 1842, esto por causa de asistir con los metodistas que enseñaban una doctrina horrorosa de Dios y si Cristo ya venía esto se cumpliría. Elena no se sentía digna del amor de Dios. Creía que estaba eternamente perdida (Notas biográficas, p. 31; ver también las pp. 22-33). Este temor aun así la llevó a buscar a Dios para entenderlo. Cristo vino por los que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre” (Hb 2:15)
El crimen del infierno católico y protestante
Dice: Sufría muchísimo mentalmente. Hubo noches en que no me atreví a cerrar los ojos, sino que esperé a que mi hermana se durmiese, y levantándome entonces despacito de la cama, me arrodillaba en el suelo para orar silenciosamente con una angustia muda e indescriptible. Se me representaban sin cesar los horrores de un infierno eterno y abrasador. Sabía que me era imposible vivir por mucho tiempo en tal estado, y no tenía valor para morir y arrostrar la suerte de los pecadores. ¡Con qué envidia miraba yo a los que se sentían aceptados por Dios! ¡Cuán preciosa parecía la esperanza del creyente en mi alma agonizante!
Sueños reveladores
En medio de estos pensamientos angustiosos, Elena tuvo dos sueños que comenzaron a cambiar su opinión acerca de Dios. Pero no fue hasta que conoció a Levi Stockman, un predicador metodista, (quien le dio mensajes de amonestación y advertencia de no endurecerse frente al llamado de Dios. Que lo que sentía como angustia de mi corazón era obra del Espíritu Santo que motiva al arrepentimiento y que Dios era muy bueno para recibirle y confiar en el como lo es en Jesús.) comprendió así la justificación por la fe.
Comprendiendo la verdad
Dijo entonces ella “Este señor bondadoso me habló del amor de Dios para con sus hijos extraviados, y me explicó que él, en vez de complacerse en la ruina de ellos, anhelaba atraerlos a sí con una fe y una confianza sencillas. Insistió en el gran amor de Cristo y en el plan de la redención.” “Ve en paz, Elena—me dijo—; vuelve a casa confiada en Jesús, pues él no privará de su amor a nadie que lo busque verdaderamente” “Salí de la entrevista con él animada y fortalecida.”
Liberada del error
«La fe embargaba ahora mi corazón», escribió más tarde. «Sentía un inexplicable amor hacia Dios, y su Espíritu me daba testimonio de que mis pecados estaban perdonados. Cambié la opinión que tenía del Padre. Empecé a considerarlo como un padre bondadoso y tierno más bien que como un severo tirano que fuerza a los hombres a obedecerlo ciegamente. Mi corazón sentía un profundo y ferviente amor hacia él» (Notas biográficas de Elena G. de White, p. 40).